Cuenta la leyenda que un viejo
pescador se acercó una vez a Mediócrates, y tuvieron el siguiente diálogo:
"Maestro," dijo el
pescador, "yo me considero una buena persona en general, pero he de
confesar que mis alegrías más absolutas provienen del mal. De hacer el mal, y
ver sus efectos."
"El regocijo por las
penurias del otro es el regocijo más sincero, pues proviene del corazón",
acotó Mediócrates.
"Pero no estoy haciendo
justicia. No es un castigo. Es simplemente regocijarme con el martirio de
otros."
"La justicia es una
quimera, buen hombre. La compensación y la venganza son mecanismos para
recuperar el lábil equilibrio de las emociones, no para hacer lo bueno ni lo
justo".
El sabio se sentó y continuó
hablando.
"Si realmente buscas lo
justo, creerás hacer el bien. Si lo injusto, pensarás que es el mal. Pero el
regocijo, el Schadenfreude, por sí mismo es esencialmente amoral. No
dejes que una fantasía de justicia te muestre el bien y el mal, porque el gozo
está más allá de ambos”.
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