Con ocasión de la coronación de Anaxenodes como rey de la polis de Porros, varios sofistas asistieron a las celebraciones. Era conocida la mala relación entre éstos y Mediócrates, de modo que los sofistas quisieron mofarse del filósofo pidiendo su opinión respecto de este problema: “en unos juegos, un atleta muere
accidentalmente por un lanzamiento de jabalina. ¿Quién es culpable de la
muerte? ¿La jabalina, el que la arrojó, o las autoridades que organizaron los
juegos?”
El maestro respondió que “la
culpa de esa desgracia la tiene el deseo de vencer y destacar. Si todos fueran
mediocres, no tendríamos idiotas viendo quién tira un palo afilado más lejos”.
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