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viernes, 18 de marzo de 2016

La paradoja de Teseo

En una ocasión, un sofista milesio inquirió la opinión de Mediócrates el inane sobre la famosa paradoja de Teseo.
“El viejo barco en que Teseo volvió a Atenas desde Creta era antiquísimo, pues los artesanos cambiaban las tablas estropeadas por otras nuevas y más resistentes. Pero entonces, ¿seguía siendo el mismo barco?”, dijo el sofista.
Mediócrates chasqueó la lengua mientras hurgaba su ombligo.
“Si reemplazamos las tablas de una en una”, prosiguió el sofista, “¿en qué momento deja de ser el viejo barco? ¿Qué ocurre si reemplazamos todas las tablas de esta manera? ¿Sigue siendo el mismo barco?”
Mediócrates recogió algunas piedras del suelo, dispuesto a jugar a la payaya.
“Y si almacenamos las tablas viejas, y luego las usamos para construir el mismo barco, ¿es este el barco viejo u otro nuevo? ¿Cuál de los dos sería el barco de Teseo?”, insistió el sofista.
“No lo sé, pero el de las tablas viejas sería una mierda de barco”, respondió el sabio, mientras las piedras caían entre sus dedos.

lunes, 14 de marzo de 2016

El fin del mundo

En su obra "Periplos", Mediáclito narra que, estando en Atenas, el ejército persa del rey Darío se acercó a la polis para castigar a sus habitantes por revoltosos. Mucha gente pensaba que, una vez que los persas barrieran con los griegos, sería el fin del mundo.
"Filósofo," me decían, "¿cómo será el fin? ¿Los fuegos de Hefesto destruirán la ciudad? ¿Las olas de Poseidón arrasarán los campos? ¿Las espadas de los persas beberán nuestra sangre?"
"El maestro Mediócrates dijo una vez que la gente cree que el fin será un extremo. El calor del fuego. El frío del hielo. La oscuridad de la noche. La venganza de Darío. No se dan cuenta, o no quieren ver, que el mundo se acaba cada día, para cada vida, muchas veces. Vivimos pequeños ciclos de muerte y resurrección, y se suceden tantas veces que no nos importan. Y así será el fin, sin que nos demos cuenta y sin que a nadie le importe".

El más limpio

En su juventud, estando en Porros, Mediócrates fue interrogado por dos acólitos de Hermes, que tenían una disputa sobre si es más limpio quien más limpia o quien menos ensucia.
“El hecho de limpiar es la medida de la limpieza” dijo el primero. “Ergo, quien más limpia es más limpio”.
“La necesidad de limpiar implica falta de limpieza” replicó el segundo. “Ergo, quien más limpia es menos limpio”.
Mediócrates se rascó el abdomen y dijo: “La necesidad de ver las cosas limpias es la prisión del logos, y el hecho que se ensucien aunque no se usen es el calabozo de la physis. Lo que subyace a vuestra pueril disputa son estas cadenas que mantienen vuestros espíritus cautivos”.
“Poco importa si el santuario del dios está limpio porque fue limpiado o porque no fue ensuciado. Cuando Hermes Psicopompo baje del Olimpo a conducir vuestras almas por Aqueronte, Lete y Estigia, os aseguro que vuestro denuedo por la limpieza no os moverá un ápice de vuestro final en los Prados Asfódelos, donde moraréis por derecho propio entre los mediocres que fueron y serán”.

El nuevo año

En su obra "Periplos", Mediáclito de Naxos narra que Mediócrates de Porros no participaba de las celebraciones del año nuevo.
"¿Por qué no bebes ni bailas hoy, maestro?" le preguntó. "Un año ha concluido y otro comienza."
Mediócrates dejó de quemar hormigas con su lente y se volvió hacia el alumno. "Todos los días acaba un eón y comienza otro. Tú los separas y nombras como excusa para festejar, y para hacerte creer que un gran año acaba y uno prometedor comienza. Pero el verdadero filósofo no participa del engaño; él sabe que el final feliz sólo depende de cuándo terminas la historia."
Mediáclito miró el suelo, sin saber qué decir.
"Este año malvivimos la vida" continuó el erudito, "y el próximo todo lo que ves arderá, pues los persas no dejarán piedra sobre piedra en los dominios de Anaxenodes. Así que bebe y baila por un gran año, pero lo cierto es que esto aún no termina."

miércoles, 12 de marzo de 2014

La última lección



Ya en la vejez, el sabio Mediócrates reunió a sus discípulos y les dijo… de hecho, no les dijo nada; tomó su breviario y se largó a reposar. Aquélla fue su última, y posiblemente más profunda, enseñanza.

lunes, 17 de febrero de 2014

La verdad


Entre los sofistas que asistieron a la coronación de Anaxenodes como rey de Porros, había algunos de la polis de Mileto. Era larga y conocida la enemistad que los sofistas milesios profesaban contra Mediócrates, y más aún la actitud displicente que el filósofo pórrico tenía hacia ellos y que les disgustaba sobremanera.

Uno de los sofistas se dirigió a Mediócrates: "Maestro que os hacéis llamar, atiende a las razones que el intelecto alberga respecto de la tríada excelsa de la verdad, la bondad y la belleza. Vos que os deleitáis en obrar y pensar de manera mediocre, sois una afrenta a la inteligencia humana y la voluntad divina, y enhorabuena os hemos encontrado en esta solemne ceremonia para intervenir vuestro banal vagabundeo".

"Dinos, maestro" siguió un segundo sofista milesio, "¿cómo es posible que la verdad y la realidad no sean una y la misma? Te empeñas en demostrar que ni lo uno ni lo otro es importante. ¿Y con qué? ¿Con la verdad formal, o la ambigüedad garrafal que acoges y que la lógica escupe? El porrismo rechaza hasta la verdad más evidente. Ontológicamente hablando, tu filosofía no es compatible con la realidad. Y desde el punto de vista epistemológico, ¡tus creencias no son consistentes! Si es tan simple como saber que decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero".

"Te rebelas contra las más básicas virtudes morales y el vicio está arraigado en tu escuela por ello" afirmó un tercer sofista, de pelo cano. "Corrompes a la juventud reemplazando los ideales de sus padres con tu pensamiento vacío y arrojándolos a la iniquidad donde, desorientados, se ahogan. No hay consistencia ni coherencia en tu juicio de verdad, y sin esa base fenomenológica estás condenado a ofender a reyes y a dioses".

"Para ti, la disquisición en que todos los maestros han basado sus vidas, entre lo objetivo y subjetivo, relativo y absoluto, ontológico y epistemológico, material y formal, carece de significado. No tienes moral…"

Y así siguieron durante horas, hostigando a Mediócrates con la ética, la estética y la hermenéutica.

"Mediócrates," terminó quien había comenzado, "tu filosofía equivale a decirle a todo ser humano que haya pensado alguna vez, y a todos los que quieran pensar en el futuro, que sus esfuerzos son vanos y sus vidas insignificantes".

"Precisamente", contestó el maestro, rascándose la barba.

viernes, 14 de febrero de 2014

Los amores



Un día, mientras sacaba agua del pozo de Apateonas, conocí a Terpéfone Calósoma, la mujer más bella y dulce que habrá jamás. La amé al verla, y desde entonces fui siempre a buscar agua a mediodía, con la esperanza de encontrarla.

Mediócrates el ahíto no tardó en descubrirme gracias a su célebre perspicacia. Me acerqué a él y solicité su sabiduría respecto del amor.

“¿Amor? ¿De qué amor me hablas?”, preguntó el maestro.

“De aquél que nace en los sentidos pero se asienta en el corazón; de aquél que trastoca el mundo del amante y lo hace girar en torno a lo amado; de aquél que desea y sólo se satisface con la bienaventuranza y posesión de lo deseado”, respondí, de la manera más lírica que pude.

“Y aquél con el que, de paso, quieres fornicar, ¿no?” fue su seca respuesta.

No me esperaba una réplica tan desalmada, pero no tardé en darme cuenta de su verdad. “Sí, sabio”, respondí con franqueza.

“Una de las ideas más equivocadas es la creencia en el amor, pues confunde los conceptos de ágape, filia, eros y sicalipsis”, indicó. “Es mi certidumbre que el hombre, mediocre creatura cuya vida es apenas una momentánea intersección entre espíritu y materia, no es capaz de experimentar estos cuatro sentimientos juntos. Eso es para seres mejores, por lo que ambicionarlo es absurdo, y nos muestra, una vez más, que el deseo humano de alejarse de la mediocridad sólo trae dolor y decepción”.

Yo no sabía qué decir, pero el filósofo continuó. “Todo es un problema de expectativas. Si esperas tener en tu vida el amor que cantan los rapsodas, la frustración te rondará por siempre. Deja el ágape al sabio, la filia al amigo, el eros al amante y la sicalipsis al concupiscente, pues nada satisfará tu errado concepto del amor, a menos que renuncies a él. No malogres el amor que tienes en pos del amor que tu desbocada ambición quiere tener”.