"¿Qué es la justicia,
maestro?" preguntó el joven Mediófilo. Mediócrates miró hacia el cielo,
nadie sabe si buscando inspiración o evitando excretas de paloma.
"¿Cómo surge esta
aspiración humana que no se encuentra en la naturaleza? ¿Por qué la
tenemos?" siguió el aprendiz.
"En efecto,"
contestó el filósofo, "no hay justicia en la muerte de la cabra por el
lobo. No hay reparación ni retribución, sino sólo el estricto cumplimiento de
la ley natural que gobierna las cosas”.
"Es el libre albedrío con
que los dioses nos dotaron el que hace posible apartarse de la ley natural, y
consumirse en la satisfacción del ego. Pero la polis no resiste múltiples egos,
de modo que el hombre crea la ética, la ley, la religión, la equidad y la razón
para explicar por qué su voluntad no se cumple. Es una quimera que creamos en
nuestras mentes para satisfacer mediocremente nuestro ego, creyendo que tenemos
lo que merecemos, o que hemos conseguido la venganza apropiada".
"Es por esto, por ser una
entelequia humana, que la justicia parece existir, pero no es. Nos torturamos
pensando que debiera ser, mientras la verdad es que nada hay más humano que el
recién nacido: sólo ego, todo para satisfacción nuestra, sin miramiento alguno.
Y es contra ese impulso que creamos esta jaula".
"Si nos alzamos,
pelearemos contra todos y seremos superados, como el hierro vence a la carne.
Si alzamos el puño a los dioses, nos acusarán de hibris y enviarán a Némesis a
castigarnos, pues también hay una ley divina, y en ella somos esclavos".
"La justicia no existe, y
el filósofo sabio no debe esperarla. No queda sino vivir mediocremente,
eludiendo tanto el yugo como la expiación".
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