En su juventud, Mediócrates
emprendió un viaje hacia el Peloponeso, y en el camino se le acercó Lais de
Corinto, hetaira del templo de Afrodita de esa polis, quien era famosa en todo
el Hélade por su belleza y perspicacia.
"Ven, filósofo", le
dijo. "Soy la mujer que todos los hombres sueñan. ¿Por qué habrías de
conformarte con menos que yo?"
"Los placeres sensuales
nublan la mente con facilidad", respondió el sabio. "El verdadero
filósofo, el hombre mediocre, no se deja enceguecer por la promesa del placer
fugaz ni por la represión del placer sensual, pues ambos equivalen a ser
esclavo de la carne".
"Hombre, si tu problema es
que yo sea lo mejor que vayas a encontrar en tu vida, puedo ser una hetaira
mediocre. Pero te voy a llevar cerca del límite de mis artes amatorias".
Y bueno, Mediócrates no era de
hierro. Era joven y no supo argumentar en contra. Y así tuvo un encuentro
sexual mediocre en el templo de Afrodita en Corinto.
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