jueves, 6 de febrero de 2014

El heraldo de Anaxenodes



Cuando el heraldo de Darío, rey de los persas, se presentó en la corte del rey Anaxenodes de Porros con las demandas de su monarca, el pánico hizo presa de la polis.

“Dile a Darío que enviaré un emisario con mi respuesta”, dijo Anaxenodes.

Al día siguiente, un grupo de ciudadanos notables acompañó a Tromofrasto, el emisario, a presentarse ante los persas. El grupo incluía al gran maestro de la escuela mediocrática.

“El rey de Po-porros quiere e-evitar cualq-quier acto de vio-olencia contra la po-polis”, declaró el emisario, con voz temblorosa y cara pusilánime.

Los persas estallaron a carcajadas ante la pobre oratoria de Tromofrasto. “Dile a tu rey que me ha quedado claro que puedo capturar su miserable ciudad en cualquier momento, pues sus defensores tiemblan ante el lejano murmullo de mis huestes”, respondió Darío.

Mientras la comitiva volvía a Porros, el maestro dijo a Tromofrasto: “tu discurso pudo ciertamente ser mejor, pero no sé si pudo ser peor, pues has mostrado miedo y desazón en nuestro bando, y sólo has logrado atraer el ataque de los persas, en contra de los deseos de tu rey y tus conciudadanos. El heraldo mediocre sabe cuándo hablar y cuándo darle a otro la palabra. Has sido peor que mediocre”.

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