Hace años, Mediócrates el
filósofo se sentaba y miraba la construcción de la acrópolis de Porros. La
faena era ardua, pues el rey Anaxenodes quería que su templo de Hermes fuera
admirado a través del Hélade.
Cuando el arquitecto jefe,
Ergino de Lesbos, pasaba cerca de él, le preguntaba:
"¿No encuentras absurdo
el afán de colocar piedra sobre piedra?"
"Es por orden del rey y
para gloria del dios", respondía invariablemente el arquitecto.
"La argamasa se
debilitará y terminará por derrumbar el templo. La tierra temblará y terminará
por derrumbar el templo. Los persas atacarán y terminarán por derrumbar el
templo. Así como los olímpicos exiliaron a los titanes, otros dioses arrojarán
a los olímpicos y vendrán a derribar el templo. Si no, la falta de fe y el fin
de los tiempos vendrán y derrumbarán el templo. Y habrás desperdiciado tu vida
mortal en edificar una ruina que, al final, nadie verá".
"¿Y qué sugieres que
haga?" preguntó Ergino.
"Has tu trabajo
mediocremente, cobra tu sueldo y gástalo en libaciones, ágapes y hetairas.
Disfruta el tiempo presente que te ha sido otorgado. No lo pierdas pensando en
un futuro que desaparecerá de todos modos".
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