jueves, 6 de febrero de 2014

La inmortalidad del cangrejo



En su obra Periplos, Mediáclito describe el sistema de enseñanza de la Escuela de Porros:

Cuando llevaba tres meses filosofando en Porros, el maestro dispuso que cada uno de nosotros escribiera un ensayo sobre la inmortalidad de cangrejo. Yo escribí un magno tratado, titulado “Del cangrejo y otros crustáceos imperecederos”. Orgulloso, lo entregué al maestro.

Unos días después toda la escuela se reunió y el sabio filósofo se dirigió a sus estudiantes: “he leído vuestros ensayos y he quedado sorprendido por lo mediocres que son. Desde la ortografía, pasando por la redacción y hasta el contenido son singularmente pobres. Toda la clase ha obtenido apenas el mínimo para aprobar”.

"Excepto…" siguió el maestro, "… Euscolo Mediáclito, el de Naxos, quien destacó en todo sentido. En un estilo elegante, rivalizando con Homero y eclipsando a aedos y rapsodas, presenta un argumento sólido, lógicamente impecable, y que sorprende por la amplitud que abarca y la altura de miras. Él ha reprobado".

Las facciones de mi rostro se deformaron sobre mi piel palidecida, mientras mis condiscípulos se reían de mí por ser el único que había reprobado. “¿A quién tratas de impresionar, Mediáclito?” prosiguió el filósofo. “¿A mí? ¿A tus pares? ¿A los dioses? ¿A ti mismo?”

"Tu ansia por destacar es una afrenta a la ley natural, pues afecta el delicado equilibrio de las cosas. El dolor y el hibris nacen del ansia, que manchará tu espíritu hasta que termine tu vida vacía. Vanamente llenada con bondad, belleza y verdad, pero vacía al fin y al cabo."

"Recuerda siempre: el mínimo es nota. El resto es lujo. Y en esta escuela somos muy austeros".

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