miércoles, 12 de marzo de 2014

El escape de Argos



En la polis de Argos fui acusado, junto a Jasón Erastes y Arquídamo Erómenos, de corromper a la juventud.

Tratamos de huir por mar de la ciudad, pero sólo había una barca a mal traer que zarpaba de inmediato. Jasón la abordó, temeroso de ser capturado, y naufragó minutos más tarde, por haber elegido aquella nave infame.

Arquídamo, viendo el destino de su compañero, consiguió pasaje en un majestuoso y veloz barco. Zarpó y, ese mismo día, piratas lo capturaron, por haber elegido aquella nave fastuosa.

Yo pensé qué haría el maestro Mediócrates en mi lugar, y elegí la nave mediocre, que me llevó lentamente a mi destino, sin hacer agua ni atraer piratas. Y gracias a esa nave mediocre escribo hoy estas palabras.

Nuevo Gran Maestro



Uno de los momentos más delicados de la historia de la filosofía ocurrió luego de la muerte de Mediófanes, sucesor de Mediócrates el anodino. Había que dirimir quién dirigiría la Escuela de Porros.

Mediofrasto el tartamudo era la elección lógica y aceptada, pero en esa época volvió a Porros, luego de sus extensos periplos, Mediáclito de Naxos, quien aspiraba vehementemente a liderar la escuela.

Los pórricos se reunieron a escuchar los argumentos de ambos candidatos. El primero en hablar fue Mediáclito:

"Condiscípulos míos, amigos todos. He viajado por el mundo conocido, enseñando el porrismo, y he aprendido en lejanas tierras y de venerables maestros muchas cosas. He escrito innumerables tratados de todos los tópicos, y se me ha declarado autoridad en filosofía en múltiples ciudades…"

Y así siguió por una hora.

Mediofrasto dijo que un discurso tan bueno demostraba que Mediáclito carecía de la mediocridad necesaria para dirigir la escuela en su lugar. Y así se convirtió en el tercer gran maestro de la Escuela de Porros.

La última lección



Ya en la vejez, el sabio Mediócrates reunió a sus discípulos y les dijo… de hecho, no les dijo nada; tomó su breviario y se largó a reposar. Aquélla fue su última, y posiblemente más profunda, enseñanza.

viernes, 7 de marzo de 2014

El jabalí de Calidón



Para celebrar su victoria en los juegos olímpicos, el atleta, magnate y playboy Hiperandro de Esparta decidió viajar junto a un grupo de notables a la región de Etolia, y cazar en los alrededores de Calidón al mítico jabalí blanco, famoso en las leyendas.


Luego de dos semanas de infructuosa persecución, la partida de caza hubo de regresar con las manos vacías. Hiperandro, quien jamás había fallado ni perdido en su vida, sintió el golpe de la derrota como un insulto de los dioses, y erró por las ciudades griegas en busca de distancia y anonimato.


Sus viajes lo llevaron a la polis de Porros, donde oyó de la sabiduría de Mediócrates, el filósofo, y se acercó para consultarlo.


“Maestro,” le dijo, “tus ideas van en contra de todo lo que he creído y hecho durante toda mi vida, y las despreciaría completamente de no ser por este primer y único fracaso que pesa sobre mi buen nombre. Perseguí a la bestia sin descanso, primero a caballo, y luego, cuando se metió en densas selvas, a pie. Lo vi en la distancia, y por tres días lo seguí de cerca, dejando a todos mis compañeros exhaustos en su rastro. Pero, pese a mis esfuerzos, la bestia escapó. ¿Puedes explicarme por qué yo, el favorecido por Apolo, he fallado?”


“Oh, Hiperandro”, dijo el maestro, con el dulce sabor del sarcasmo en los labios, “en verdad eres la personificación de la areté, y tus hazañas recuerdan a Hércules. Tu fuerza, habilidad y carácter han superado los grandes desafíos que te has impuesto, pero estos dones no te han privado del amargo sabor que todos los hombres paladean alguna vez. Has fallado por tratar de ser perfecto, cuando debiste haber sido mediocre”.


La faz perfectamente simétrica de Hiperandro levantó asimétricamente una ceja, sin comprender.


“Creíste que tu grandeza era capaz de superarlo todo. Pero recuerda; a lo que realmente debes aspirar es a la mediocridad. El mal cazador persigue a su presa, pero el buen cazador la espera. La simpleza, pasividad y paciencia que desprecias te habrían otorgado el éxito buscado”.


Se dice que Hiperandro jamás volvió a Esparta, y que pasó el resto de sus días en Oriente, seduciendo mujeres feas.

jueves, 6 de marzo de 2014

La ocupación de Táurica



“Conciudadanos”, dijo el heraldo en la asamblea, “la polis de Tanais ha ocupado la península Táurica en defensa de sus connacionales, sus intereses comerciales y del orden cívico que toda sociedad del Hélade se merece”.


Los pórricos asistentes no parecían del todo persuadidos sobre la legalidad de la intervención tanaisense.


“Es más”, continuó el hombre, “la asamblea de Táurica ha decidido separarse del corrupto e ilegal gobierno de Borístenes, en atención a su incapacidad de mantener el orden, administrar el país y en atención a su mayor cercanía racial y cultural con la pacífica Tanais”.


Anaxenodes, rey de Porros, inquirió la postura de sus súbditos respecto a la ocupación de la Táurica.


Mediócrates el filósofo pidió la palabra. “Escucho con pesar la situación de la Táurica. Pocas cosas atraen más a los oportunistas que el vacío de poder, y la privilegiada posición de la península en la región del Pontus Axeinos la transforma en un bocado demasiado tentador para las potencias seculares”.


“Pero no seáis ingenuos, pórricos”, siguió, “pues, si Táurica estuviese más cerca de Atenas, serían centenares las galeras de guerra atenienses que acudirían en ‘defensa de la democracia’. Es simplemente el modo en que se conduce el mundo; no más ni menos. Os garantizo que, si ocurriese lo mismo en Porros, el mismo rol sería tomado por alguna potencia local, como Mileto. Por eso os digo: dejad que los poderosos jueguen los juegos que gustan de jugar. Vosotros seguid disfrutando la vida mientras podáis. No os involucréis más allá de lo razonable, pero tampoco lo ignoréis; simplemente brindad en honor de los pobres táuricos, a quienes ha tocado el turno de ser los peones del siniestro juego que desde siempre juega con los hilos del mundo”.