Al entrar en el templo, el sumo sacerdote le expuso el oráculo. Mediócrates dijo:
"El oráculo es certero. Quizá podría ser un gran sabio, pero es precisamente el hecho de renunciar a serlo lo que Apolo estima, pues no prima la desmesura del orgullo y la ambición, sino el sentido del equilibrio y la armonía".
La cabeza del sumo sacerdote estalló al no poder contener tal mensaje.
Los demás llevaron a Mediócrates donde la Pitonisa, y le dijeron podría
hacerle una pregunta.
"Una pregunta" repitió el maestro. "Debe ser una importante, ¿no? Pitonisa, ¿cuál es el sentido de la vida, el universo y todo lo demás?"
Con voz de ultratumba, la sacerdotisa respondió "cuarenta y dos". Silencio.
"Tal como lo sospeché. Incluso las interrogantes fundamentales tienen respuestas mediocres. Cómo deben haber reído los dioses al crear este absurdo mundo".
"Una pregunta" repitió el maestro. "Debe ser una importante, ¿no? Pitonisa, ¿cuál es el sentido de la vida, el universo y todo lo demás?"
Con voz de ultratumba, la sacerdotisa respondió "cuarenta y dos". Silencio.
"Tal como lo sospeché. Incluso las interrogantes fundamentales tienen respuestas mediocres. Cómo deben haber reído los dioses al crear este absurdo mundo".
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