“El hecho de limpiar es la medida de la limpieza” dijo el primero. “Ergo, quien más limpia es más limpio”.
“La necesidad de limpiar implica falta de limpieza” replicó el segundo. “Ergo, quien más limpia es menos limpio”.
Mediócrates se rascó el abdomen y dijo: “La necesidad de ver las cosas
limpias es la prisión del logos, y el hecho que se ensucien aunque no se
usen es el calabozo de la physis. Lo que subyace a vuestra pueril
disputa son estas cadenas que mantienen vuestros espíritus cautivos”.
“Poco importa si el santuario del dios está limpio porque fue limpiado o porque no fue ensuciado. Cuando Hermes Psicopompo baje del Olimpo a conducir vuestras almas por Aqueronte, Lete y Estigia, os aseguro que vuestro denuedo por la limpieza no os moverá un ápice de vuestro final en los Prados Asfódelos, donde moraréis por derecho propio entre los mediocres que fueron y serán”.
“Poco importa si el santuario del dios está limpio porque fue limpiado o porque no fue ensuciado. Cuando Hermes Psicopompo baje del Olimpo a conducir vuestras almas por Aqueronte, Lete y Estigia, os aseguro que vuestro denuedo por la limpieza no os moverá un ápice de vuestro final en los Prados Asfódelos, donde moraréis por derecho propio entre los mediocres que fueron y serán”.
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