Tres veleros zarparon hace años desde Corinto hacia Ítaca. De los tres capitanes, uno gustaba de ver el lado positivo de los acontecimientos y el otro se enfocaba en el negativo, pero el tercero era un verdadero filósofo.
Mientras navegaban, Euro sopló con fuerza y sus vientos alteraron el curso de las naves. El capitán pesimista se quejó amargamente del capricho de los vientos. El capitán optimista, en cambio, sonrió y esperó, confiado en que Céfiro despertaría y el viento cambiaría.
El verdadero filósofo se limitó a ajustar el velamen. No maldijo a los
dioses ni los alabó para seguir su rumbo. Y mientras los otros dos
capitanes encallaron sus naves en las costas de Acaya, el mediocre no
tardó en fondear en el puerto de Ítaca.
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