“Conciudadanos”, dijo el heraldo
en la asamblea, “la polis de Tanais ha ocupado la península Táurica en defensa
de sus connacionales, sus intereses comerciales y del orden cívico que toda
sociedad del Hélade se merece”.
Los pórricos asistentes no
parecían del todo persuadidos sobre la legalidad de la intervención tanaisense.
“Es más”, continuó el hombre, “la
asamblea de Táurica ha decidido separarse del corrupto e ilegal gobierno de
Borístenes, en atención a su incapacidad de mantener el orden, administrar el
país y en atención a su mayor cercanía racial y cultural con la pacífica Tanais”.
Anaxenodes, rey de Porros,
inquirió la postura de sus súbditos respecto a la ocupación de la Táurica.
Mediócrates el filósofo pidió la
palabra. “Escucho con pesar la situación de la Táurica. Pocas cosas atraen más
a los oportunistas que el vacío de poder, y la privilegiada posición de la
península en la región del Pontus Axeinos la transforma en un bocado demasiado
tentador para las potencias seculares”.
“Pero no seáis ingenuos, pórricos”,
siguió, “pues, si Táurica estuviese más cerca de Atenas, serían centenares las
galeras de guerra atenienses que acudirían en ‘defensa de la democracia’. Es
simplemente el modo en que se conduce el mundo; no más ni menos. Os garantizo
que, si ocurriese lo mismo en Porros, el mismo rol sería tomado por alguna
potencia local, como Mileto. Por eso os digo: dejad que los poderosos jueguen
los juegos que gustan de jugar. Vosotros seguid disfrutando la vida mientras
podáis. No os involucréis más allá de lo razonable, pero tampoco lo ignoréis;
simplemente brindad en honor de los pobres táuricos, a quienes ha tocado el
turno de ser los peones del siniestro juego que desde siempre juega con los
hilos del mundo”.
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