lunes, 14 de marzo de 2016

El oráculo de Delfos

Cuenta la leyenda que, durante su juventud, Mediócrates viajó a través del Hélade hasta llegar a las faldas del monte Parnaso. Los sacerdotes del Oráculo de Apolo en Delfos estaban interesados en conocerlo, pues a la pregunta "¿quién es el más sabio?" la Pitonisa respondió "podría ser Mediócrates de Porros".
Al entrar en el templo, el sumo sacerdote le expuso el oráculo. Mediócrates dijo:
"El oráculo es certero. Quizá podría ser un gran sabio, pero es precisamente el hecho de renunciar a serlo lo que Apolo estima, pues no prima la desmesura del orgullo y la ambición, sino el sentido del equilibrio y la armonía".
La cabeza del sumo sacerdote estalló al no poder contener tal mensaje. Los demás llevaron a Mediócrates donde la Pitonisa, y le dijeron podría hacerle una pregunta.
"Una pregunta" repitió el maestro. "Debe ser una importante, ¿no? Pitonisa, ¿cuál es el sentido de la vida, el universo y todo lo demás?"
Con voz de ultratumba, la sacerdotisa respondió "cuarenta y dos". Silencio.
"Tal como lo sospeché. Incluso las interrogantes fundamentales tienen respuestas mediocres. Cómo deben haber reído los dioses al crear este absurdo mundo".

El fin del mundo

En su obra "Periplos", Mediáclito narra que, estando en Atenas, el ejército persa del rey Darío se acercó a la polis para castigar a sus habitantes por revoltosos. Mucha gente pensaba que, una vez que los persas barrieran con los griegos, sería el fin del mundo.
"Filósofo," me decían, "¿cómo será el fin? ¿Los fuegos de Hefesto destruirán la ciudad? ¿Las olas de Poseidón arrasarán los campos? ¿Las espadas de los persas beberán nuestra sangre?"
"El maestro Mediócrates dijo una vez que la gente cree que el fin será un extremo. El calor del fuego. El frío del hielo. La oscuridad de la noche. La venganza de Darío. No se dan cuenta, o no quieren ver, que el mundo se acaba cada día, para cada vida, muchas veces. Vivimos pequeños ciclos de muerte y resurrección, y se suceden tantas veces que no nos importan. Y así será el fin, sin que nos demos cuenta y sin que a nadie le importe".

El más limpio

En su juventud, estando en Porros, Mediócrates fue interrogado por dos acólitos de Hermes, que tenían una disputa sobre si es más limpio quien más limpia o quien menos ensucia.
“El hecho de limpiar es la medida de la limpieza” dijo el primero. “Ergo, quien más limpia es más limpio”.
“La necesidad de limpiar implica falta de limpieza” replicó el segundo. “Ergo, quien más limpia es menos limpio”.
Mediócrates se rascó el abdomen y dijo: “La necesidad de ver las cosas limpias es la prisión del logos, y el hecho que se ensucien aunque no se usen es el calabozo de la physis. Lo que subyace a vuestra pueril disputa son estas cadenas que mantienen vuestros espíritus cautivos”.
“Poco importa si el santuario del dios está limpio porque fue limpiado o porque no fue ensuciado. Cuando Hermes Psicopompo baje del Olimpo a conducir vuestras almas por Aqueronte, Lete y Estigia, os aseguro que vuestro denuedo por la limpieza no os moverá un ápice de vuestro final en los Prados Asfódelos, donde moraréis por derecho propio entre los mediocres que fueron y serán”.

El nuevo año

En su obra "Periplos", Mediáclito de Naxos narra que Mediócrates de Porros no participaba de las celebraciones del año nuevo.
"¿Por qué no bebes ni bailas hoy, maestro?" le preguntó. "Un año ha concluido y otro comienza."
Mediócrates dejó de quemar hormigas con su lente y se volvió hacia el alumno. "Todos los días acaba un eón y comienza otro. Tú los separas y nombras como excusa para festejar, y para hacerte creer que un gran año acaba y uno prometedor comienza. Pero el verdadero filósofo no participa del engaño; él sabe que el final feliz sólo depende de cuándo terminas la historia."
Mediáclito miró el suelo, sin saber qué decir.
"Este año malvivimos la vida" continuó el erudito, "y el próximo todo lo que ves arderá, pues los persas no dejarán piedra sobre piedra en los dominios de Anaxenodes. Así que bebe y baila por un gran año, pero lo cierto es que esto aún no termina."

Los veleros de Corinto

En su obra "Periplos", Mediáclito cuenta que Mediócrates narró la siguiente historia en el ágora de Porros:
Tres veleros zarparon hace años desde Corinto hacia Ítaca. De los tres capitanes, uno gustaba de ver el lado positivo de los acontecimientos y el otro se enfocaba en el negativo, pero el tercero era un verdadero filósofo.
Mientras navegaban, Euro sopló con fuerza y sus vientos alteraron el curso de las naves. El capitán pesimista se quejó amargamente del capricho de los vientos. El capitán optimista, en cambio, sonrió y esperó, confiado en que Céfiro despertaría y el viento cambiaría.
El verdadero filósofo se limitó a ajustar el velamen. No maldijo a los dioses ni los alabó para seguir su rumbo. Y mientras los otros dos capitanes encallaron sus naves en las costas de Acaya, el mediocre no tardó en fondear en el puerto de Ítaca.