En su obra “Periplos”, Mediáclito de Naxos narra que, habiéndose detenido en Tespias un día durante su viaje a Orcómeno, se encontró con su amigo Mediofonte de Clazómenes, antiguo compañero de la escuela de Porros.
Mientras bebían cerveza en una taberna local, se
les acercó Xenóteles, noble y político tespio.
"Filósofos," les dijo, "el bloque
xenotista, que lidero yo, ha sido derrotado en las elecciones de la asamblea.
Ahora todos mis aliados critican mi actuar y muchos han abandonado mi bando.
¿Puede vuestro conocimiento del hombre y la naturaleza ayudarme a superar esta
situación?"
"Cuando el barco comienza a hacer agua, las
primeras que escapan son las ratas, tanto si la culpa es del capitán como si
no", comentó Mediofonte.
"Mediócrates el trivial dijo una vez que la
naturaleza del político es mediocre", continuó Mediáclito. "Su razón
de ser es mantenerse en el poder, no la excelencia ni el buen gobierno, y para
ello sacrificará sus principios y amistades sin mayor asco. Esto es esperable;
sólo muestra que es humano y, en cierto sentido, su mediocre sentido práctico
es digno de encomio".
"Cuando este hombre fracasa, simplemente hace
lo más humano y mediocre: echarle la culpa a los demás", prosiguió.
"Como líder, siempre estarás expuesto a las críticas, y muchas veces estas
serán correctas. Aprovecha la oportunidad de escucharlas, especialmente las de
quienes no te abandonen, pues así reconocerás a tus verdaderos aliados".
"Pero la polis no obedecerá mis
designios", dijo Xenóteles, desconsolado.
"El mejor argumento contra la democracia es
una breve conversación con el votante promedio. Ya podrás embaucarlos de nuevo
en el futuro", le respondieron.
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