viernes, 18 de marzo de 2016

La paradoja de Teseo

En una ocasión, un sofista milesio inquirió la opinión de Mediócrates el inane sobre la famosa paradoja de Teseo.
“El viejo barco en que Teseo volvió a Atenas desde Creta era antiquísimo, pues los artesanos cambiaban las tablas estropeadas por otras nuevas y más resistentes. Pero entonces, ¿seguía siendo el mismo barco?”, dijo el sofista.
Mediócrates chasqueó la lengua mientras hurgaba su ombligo.
“Si reemplazamos las tablas de una en una”, prosiguió el sofista, “¿en qué momento deja de ser el viejo barco? ¿Qué ocurre si reemplazamos todas las tablas de esta manera? ¿Sigue siendo el mismo barco?”
Mediócrates recogió algunas piedras del suelo, dispuesto a jugar a la payaya.
“Y si almacenamos las tablas viejas, y luego las usamos para construir el mismo barco, ¿es este el barco viejo u otro nuevo? ¿Cuál de los dos sería el barco de Teseo?”, insistió el sofista.
“No lo sé, pero el de las tablas viejas sería una mierda de barco”, respondió el sabio, mientras las piedras caían entre sus dedos.

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