lunes, 14 de marzo de 2016

La boda en Halicarnaso

Por aquel tiempo se celebraba una boda en Halicarnaso, cerca de Porros, donde habían acudido Mediócrates y sus discípulos. Y, como faltara el vino, Mediófanes le avisó al maestro: "no tienen vino". Y él respondió: "¿y yo qué? Vine invitado a este carrete". Dijo Mediocles a los sirvientes: "haced lo que él les diga".

Había allí seis tinajas. Mediócrates sacó unos dracmas de su bolso y pagó a un turbio personaje, que se las llevó y devolvió llenas de un dudoso mosto obtenido de los tugurios locales.


El mayordomo lo probó y las arcadas contorsionaron su rostro. Como no sabía de dónde venía, fue donde el novio y le dijo: "Todos sirven primero el buen vino y, cuando ya todos han bebido, el vino de peor calidad. Pero tú has guardado este vino mediocre para el final. No entiendo nada".


Y así la boda continuó durante días con vino mediocre de contrabando aportado por Mediócrates.


Durante el bajón le habló a sus discípulos: "el vino bueno es insostenible en un carrete de varios días. El vino malo hace vomitar y no permite seguir carreteando. Pero con un mosto mediocre, la fiesta puede durar años..."


Y así Mediócrates fue amado en Halicarnaso.

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