lunes, 14 de marzo de 2016

El principio de Peter

En su obra "Periplos", Mediáclito narra la siguiente conversación:
Durante mi estadía en la corte del tirano de Samos, éste se quejó de la incompetencia de quienes administraban la polis. "Ellos son mi representación frente al pueblo" dijo, "pero, aunque elijo a los mejores, el resultado no es satisfactorio".
"Mediócrates el anodino dijo una vez", le respondí, "que todo, incluso lo que se trata de hacer bien, tiende a la mediocridad. La mediocridad es la cuna y la mortaja de todo esfuerzo humano".
"Pero no entiendo cómo lo óptimo deriva en lo mediocre" dijo el monarca.
"Cuando el empleado se desempeña bien, tú lo premias con mayor jerarquía, que se acompaña de responsabilidad y riqueza. El empleado, ahora jefe, seguirá trabajando con tesón, y después de un tiempo te parecerá que su eficiencia debe ser aprovechada por una mayor parte de la organización, por lo que decidirás ascenderlo a un nuevo puesto directivo. Esta situación se repetirá hasta que el empleado no haga bien su trabajo, momento en que cesará su ascenso en la organización".
"De este modo" proseguí, "la administración de la polis está en manos de dos tipos de personas: aquellos que no ascienden porque son mediocres, y aquellos que tú asciendes hasta que demuestran serlo".
"Entonces nadie más ascenderá en mis dominios" sentenció el líder.
"Hagas lo que hagas, el sistema tenderá a la mediocridad", le advertí. "Es más deseable que, una vez encontrado el nivel de mediocridad funcional, seas mediocre y lo mantengas. Toda otra aspiración es un canto de sirenas".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escriba sin miedo; su comentario siempre podrá ser mejor y peor.