jueves, 6 de febrero de 2014

La justicia



"¿Qué es la justicia, maestro?" preguntó el joven Mediófilo. Mediócrates miró hacia el cielo, nadie sabe si buscando inspiración o evitando excretas de paloma.

"¿Cómo surge esta aspiración humana que no se encuentra en la naturaleza? ¿Por qué la tenemos?" siguió el aprendiz.

"En efecto," contestó el filósofo, "no hay justicia en la muerte de la cabra por el lobo. No hay reparación ni retribución, sino sólo el estricto cumplimiento de la ley natural que gobierna las cosas”.

"Es el libre albedrío con que los dioses nos dotaron el que hace posible apartarse de la ley natural, y consumirse en la satisfacción del ego. Pero la polis no resiste múltiples egos, de modo que el hombre crea la ética, la ley, la religión, la equidad y la razón para explicar por qué su voluntad no se cumple. Es una quimera que creamos en nuestras mentes para satisfacer mediocremente nuestro ego, creyendo que tenemos lo que merecemos, o que hemos conseguido la venganza apropiada".

"Es por esto, por ser una entelequia humana, que la justicia parece existir, pero no es. Nos torturamos pensando que debiera ser, mientras la verdad es que nada hay más humano que el recién nacido: sólo ego, todo para satisfacción nuestra, sin miramiento alguno. Y es contra ese impulso que creamos esta jaula".

"Si nos alzamos, pelearemos contra todos y seremos superados, como el hierro vence a la carne. Si alzamos el puño a los dioses, nos acusarán de hibris y enviarán a Némesis a castigarnos, pues también hay una ley divina, y en ella somos esclavos".

"La justicia no existe, y el filósofo sabio no debe esperarla. No queda sino vivir mediocremente, eludiendo tanto el yugo como la expiación".

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