jueves, 20 de febrero de 2014

El tirano de Siracusa


Mediáclito de Naxos relata que fue invitado a la corte del Tirano de Siracusa, quien había tomado el poder recientemente y consultaba sabios y sofistas acerca del buen gobierno.

"Domino las mentes y cuerpos de Siracusa, sus ejércitos y naves" declaró el Tirano. "Mis enemigos tiemblan al escuchar mi palabra, pero aún no me siento seguro. ¿Cómo hago para mantener mi trono?"

Mediáclito pinchó una aceituna y pareció hablarle a ésta.

"El maestro Mediócrates dijo una vez que sólo el gobernante mediocre muere en la vejez. Si gobierna mal, habrá una rebelión en la polis y su cabeza quedará ensartada en una estaca. Si gobierna bien, las polis vecinas codiciarán su riqueza, asediarán su palacio y su cabeza quedará ensartada en una estaca. Pero si es mediocre, navegará entre Escila y Caribdis y nadie se dará el trabajo de clavar su cabeza".

lunes, 17 de febrero de 2014

La verdad


Entre los sofistas que asistieron a la coronación de Anaxenodes como rey de Porros, había algunos de la polis de Mileto. Era larga y conocida la enemistad que los sofistas milesios profesaban contra Mediócrates, y más aún la actitud displicente que el filósofo pórrico tenía hacia ellos y que les disgustaba sobremanera.

Uno de los sofistas se dirigió a Mediócrates: "Maestro que os hacéis llamar, atiende a las razones que el intelecto alberga respecto de la tríada excelsa de la verdad, la bondad y la belleza. Vos que os deleitáis en obrar y pensar de manera mediocre, sois una afrenta a la inteligencia humana y la voluntad divina, y enhorabuena os hemos encontrado en esta solemne ceremonia para intervenir vuestro banal vagabundeo".

"Dinos, maestro" siguió un segundo sofista milesio, "¿cómo es posible que la verdad y la realidad no sean una y la misma? Te empeñas en demostrar que ni lo uno ni lo otro es importante. ¿Y con qué? ¿Con la verdad formal, o la ambigüedad garrafal que acoges y que la lógica escupe? El porrismo rechaza hasta la verdad más evidente. Ontológicamente hablando, tu filosofía no es compatible con la realidad. Y desde el punto de vista epistemológico, ¡tus creencias no son consistentes! Si es tan simple como saber que decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero".

"Te rebelas contra las más básicas virtudes morales y el vicio está arraigado en tu escuela por ello" afirmó un tercer sofista, de pelo cano. "Corrompes a la juventud reemplazando los ideales de sus padres con tu pensamiento vacío y arrojándolos a la iniquidad donde, desorientados, se ahogan. No hay consistencia ni coherencia en tu juicio de verdad, y sin esa base fenomenológica estás condenado a ofender a reyes y a dioses".

"Para ti, la disquisición en que todos los maestros han basado sus vidas, entre lo objetivo y subjetivo, relativo y absoluto, ontológico y epistemológico, material y formal, carece de significado. No tienes moral…"

Y así siguieron durante horas, hostigando a Mediócrates con la ética, la estética y la hermenéutica.

"Mediócrates," terminó quien había comenzado, "tu filosofía equivale a decirle a todo ser humano que haya pensado alguna vez, y a todos los que quieran pensar en el futuro, que sus esfuerzos son vanos y sus vidas insignificantes".

"Precisamente", contestó el maestro, rascándose la barba.

viernes, 14 de febrero de 2014

Los amores



Un día, mientras sacaba agua del pozo de Apateonas, conocí a Terpéfone Calósoma, la mujer más bella y dulce que habrá jamás. La amé al verla, y desde entonces fui siempre a buscar agua a mediodía, con la esperanza de encontrarla.

Mediócrates el ahíto no tardó en descubrirme gracias a su célebre perspicacia. Me acerqué a él y solicité su sabiduría respecto del amor.

“¿Amor? ¿De qué amor me hablas?”, preguntó el maestro.

“De aquél que nace en los sentidos pero se asienta en el corazón; de aquél que trastoca el mundo del amante y lo hace girar en torno a lo amado; de aquél que desea y sólo se satisface con la bienaventuranza y posesión de lo deseado”, respondí, de la manera más lírica que pude.

“Y aquél con el que, de paso, quieres fornicar, ¿no?” fue su seca respuesta.

No me esperaba una réplica tan desalmada, pero no tardé en darme cuenta de su verdad. “Sí, sabio”, respondí con franqueza.

“Una de las ideas más equivocadas es la creencia en el amor, pues confunde los conceptos de ágape, filia, eros y sicalipsis”, indicó. “Es mi certidumbre que el hombre, mediocre creatura cuya vida es apenas una momentánea intersección entre espíritu y materia, no es capaz de experimentar estos cuatro sentimientos juntos. Eso es para seres mejores, por lo que ambicionarlo es absurdo, y nos muestra, una vez más, que el deseo humano de alejarse de la mediocridad sólo trae dolor y decepción”.

Yo no sabía qué decir, pero el filósofo continuó. “Todo es un problema de expectativas. Si esperas tener en tu vida el amor que cantan los rapsodas, la frustración te rondará por siempre. Deja el ágape al sabio, la filia al amigo, el eros al amante y la sicalipsis al concupiscente, pues nada satisfará tu errado concepto del amor, a menos que renuncies a él. No malogres el amor que tienes en pos del amor que tu desbocada ambición quiere tener”.

domingo, 9 de febrero de 2014

La estupidez promedio

En su obra Periplos, Mediáclito de Naxos describe su primer intento docente en Porros:

La primera vez que sentí la inclinación a divulgar la doctrina mediocrática, fui a la ciudad y hablé con un pescador. Intenté explicarle lo que había aprendido acerca de la filosofía pórrica. El hombre no pareció entender de qué le estaba hablando, de modo que me alejé un poco frustrado. Luego me dirigí a hablar con una lavandera, pero el resultado fue el mismo. Mientras volvía a mis aposentos, encontré unos niños jugando y les intenté explicar la maravillosa doctrina que enriquecía mis días, pero sólo me miraron y rieron, sin comprender mis palabras.

Decepcionado, acudí donde Mediócrates el nimio y solicité su sabiduría.

“Maestro, hoy he tratado de transmitir la mediocracia a ciudadanos de Porros, pero pese a mis esfuerzos, no soy capaz de hacerlos comprender. ¿Cómo logro comunicar tu doctrina al mundo?”

“Mediáclito,” me respondió, “si distribuyeras equitativamente la inteligencia de todos los seres humanos, ¿qué tan inteligente crees que sería el hombre promedio?”

Vacilé un momento, pero la respuesta, aunque pareciera presuntuosa, no resultó menos sincera: “Creo que sería bastante estúpido, maestro”.

“Exacto. Ahora piensa: la mitad de la humanidad es MÁS estúpida que eso. Es la naturaleza del hombre conocer las cosas mediocremente; no te irrites por un afán docente sin sentido”.

viernes, 7 de febrero de 2014

Las esclavas de Anaxenodes



En su obra Periplos, Mediáclito de Naxos narra que el nuevo rey de Porros, Anaxenodes, no veía con buenos ojos a Mediócrates, y que en la corte se desarrolló el siguiente episodio:
Anaxenodes llamó al filósofo. “¡Mediócrates! Es sabido que te regocijas en la mediocridad y aborreces la virtud. Pues te ordeno que elijas una de mis esclavas: la más bella o la más horrible”.
Los asistentes murmuraban en espera de la decisión del maestro.
"Elijo la más bella, Su Majestad".
"¡JA! ¿Ves? ¿Dónde está tu trasnochada doctrina ahora? ¡Has elegido lo mejor, y no lo mediocre!".
"Su Majestad," respondió Mediócrates, "puedo elegir lo mejor y aún así alcanzar un resultado mediocre".
Desde ese día, el rey subvencionó la pequeña escuela de filosofía de Porros.